sábado, 27 de marzo de 2010

EL ASALTO DE HORIZONTE


Los abogados de la Imprenta Horizonte,
Alejandro Pérez,René Frías Ojeda,
Jorge Jiles y Sergio Insunza, fueron
detenidos y amenazados con una
relegación que a último minuto
quedó sin efecto.


En la madrugada del 3 de abril de 1957, se produjo uno de los hechos más brutales de la represión policial y militar que el día anterior había dejado un elevado saldo de muertos y heridos: el asalto a la Imprenta Horizonte del Partido Comunista, que editaba los diarios Ultima Hora y El Siglo, la revista Vistazo y ocasionalmente semanarios como Ercilla, Entretelones y Golpe, junto con diversas publicaciones sindicales y gremiales.

La Policía Política de Investigaciones, acompañada por un contingente militar al mando del subteniente Pelayo Izurieta Caffarena, entró a la imprenta. Los agentes detuvieron al personal y lo entregaron a Izurieta el cual tenía orden del jefe de Plaza, general Horacio Gamboa Núñez, de llevarlos a Investigaciones detenidos. Estos hechos darían origen a un proceso judicial que conmovió a la opinión pública.

Los abogados de la Imprenta Horizonte, Alejandro Pérez, René Frías Ojeda, Jorge Jiles y Sergio Insunza, fueron detenidos y amenazados con una relegación que a último minuto quedó sin efecto.

El periodista de El Siglo Elmo Catalán estaba de turno esa noche en Horizonte y fue también detenido. Cuando el diario reapareció el 30 de abril, Catalán contó detalles de lo sucedido. "Los jefes de la Policía Política dirigieron el asalto y saqueo la noche del sangriento 2 de abril", comenzaba su crónica. Poco antes, en dos ocasiones, se habían hecho presentes en Horizonte el senador Salvador Allende y el diputado Sergio Salinas. Llevaban, la primera vez, una declaración del Frente de Acción Popular (Frap), que decía escuetamente: "Nadie al trabajo, nadie a la calle". Allende explicó: "Queremos evitar que siga la masacre". La visita se repitió a las dos de la mañana, porque Catalán les advirtió que era posible que esa noche clausuraran el diario. Allende dejó su teléfono para cualquier emergencia. A las 2.15, el periodista Catalán recibía del corrector de pruebas, Raúl Zamorano, un reconfortante jarro de té caliente.
Quince minutos después se iniciaba el asalto. El grupo policial, luego de reducir al portero Hernán Echeverría de 51 años entró como una tromba y se distribuyó en lugares clave: la prensa, el fotograbado, las linotipias, destruyendo las máquinas.
Cuando el personal de Horizonte era sacado a la calle Lira, cuenta Catalán, "sentíamos como diabólica música de fondo el ruido de los fierros que caían quebrados, de los vidrios pulverizados y los muebles destrozados". A la prensa, más difícil de destruir, le introdujeron fierros y la pusieron en marcha, causándole un destrozo total.
Desde el día siguiente, el "caso Horizonte" fue tema de primera importancia política. Protestaron todos los sectores, incluso de derecha, las organizaciones de periodistas y la prensa nacional y del exterior, incluyendo entidades como la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Los trabajadores de Horizonte, fueron casi todos relegados a apartados lugares del norte y el sur. Ellos hicieron declaraciones precisando que habían reconocido entre los asaltantes al comisario Juan Ruiz y a Julio Faure, corpulento inspector de la Policía Política.
Elmo Catalán recuerda en su crónica: "El inspector Faure empezó a romper vidrios. Un grupo de policías se puso a descargar con furia sus garrotes de fierro sobre las máquinas. Mirábamos con impotencia el crimen que cometían los representantes del orden. Cada golpe de metal era una herida para nosotros".
Hubo otro personaje a la vista: el jefe de la Policía Política, Raúl del Campo. Catalán lo recuerda obeso, acesante, subiendo al segundo piso, con elegante traje claro y rugiendo: "¡Bajen a estos desgraciados!"
A los trabajadores de la imprenta no les dejaron retirar sus pertenencias ni la ropa que se habían cambiado al entrar al turno. Todo les fue robado. Cuando llegaron a Investigaciones, iban con ropa de trabajo y las manos en alto. Un detective comentó: "Parecen corderitos, a estos desgraciados deberían haberlos baleado".
En la destrucción de Horizonte no escapó la redacción de la revista Vistazo, que tenía allí sus oficinas. Cuando los periodistas llegaron la mañana siguiente, se encontraron con la desolación más completa. Había desaparecido el material de trabajo, máquinas y archivos. Todo era destrucción.
Fue mucho después cuando la Imprenta Horizonte logró adquirir una nueva prensa alemana, la que andando el tiempo sería también pasto de otro depredador: la dictadura militar.

EL FISCAL DE HIERRO

El corolario del asalto de Horizonte fue un proceso cuya sustanciación estuvo a cargo del fiscal militar Francisco Saavedra. Había llegado hacía poco de Valdivia con su esposa, que hacía clases de inglés en las Monjas Argentinas.
Cuando el gobierno y la jefatura militar se convencieron que el fiscal Saavedra no resultaba manejable, iniciaron una campaña de amedrentamiento en su contra. No sólo los periodistas golpeaban a su puerta pidiéndole noticias también aparecieron sujetos de dudosa catadura que seguían sus pasos y los de su esposa.
La Corte Marcial incluso le llamó la atención por su involuntario protagonismo, acogiendo la queja de un abogado que preguntó cómo era posible que un fiscal militar besara en la Corte a su madre y que la foto apareciera en la primera página de los diarios.
El fiscal no se arredró. Creía en la justicia y se atrevió hasta con altos jefes policiales o militares. Para sortear la vigilancia, algunas diligencias las hacía en taxis omitiendo el vehículo militar a su servicio.
Y así fue también cuando tuvo que hacer el operativo más importante: la inspección y allanamiento del domicilio de Carlos Estibil Mahuida, subcomisario de Investigaciones. El fiscal Saavedra recibió un dato, transmitido por el diputado radical Juan Luis Maurás: en la casa de Estibil se escondían dos máquinas de escribir de Horizonte. Y ahí estaban. Eran parte de los implementos robados durante la destrucción de la imprenta. La esposa de Estibil las había escondido bajo unas bolsas con ropa. Quedaba al descubierto, con una prueba contundente, la vinculación de Investigaciones con el asalto a Horizonte. Esa misma noche Estibil y su esposa quedaron detenidos e incomunicados. El proceso adquirió entonces un ritmo veloz.
La réplica del gobierno fue una orden de relegación contra los abogados de Horizonte. Fueron detenidos René Frías Ojeda, Sergio Insunza, Jorge Jiles y Alejandro Pérez el cual había colaborado estrechamente con el fiscal Saavedra en la pesquisa. Otros dos abogados que estaban también en la lista, Enrique Schepeller y Graciela Alvarez, lograron esquivar a la policía refugiándose en la Corte de Apelaciones. Allí hubo 45 abogados, según información de la prensa, dispuestos a impedir la detención "incluso a puñetes". El escándalo fue tan grande que el gobierno decidió anular la orden de relegación ese mismo día.
El epílogo fue la detención y procesamiento de los responsables del asalto a Horizonte, comenzando por el prefecto Raúl del Campo y el comisario Julio Faure. No estuvieron mucho tiempo en la cárcel, sin embargo, porque una amnistía del gobierno de Carlos Ibáñez los dejó en libertad meses después.
SERGIO VILLEGAS

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