Por Hugo Fazio (CENDA)
Era inevitable. La prolongación y profundización de la crisis económica conduce crecientemente a que se exprese el malestar social e impacte en el plano político. Un número elevado de países enfrentan potenciales estallidos de protesta e incluso cambios de gobierno. Economist Intelligence ubica entre los países de riesgo más elevado a varios de África. Este continente pasó velozmente de un proceso de recuperación económico a un deterioro muy elevado. Otra zona del mundo de conflictividad social y de cambios políticos crecientes son los países del Este de la Unión Europea. En EE.UU. la indignación se ha expresado muy fuerte ante el uso dado a los recursos de los contribuyentes entregados a grandes consorcios financieros en falencia. En un mundo altamente globalizado el malestar social debe tomar también expresiones crecientes.
La crisis económica lleva a turbulencias sociales y políticas.
Una crisis económica global de la magnitud que sacude actualmente al mundo no puede sino reflejarse en consecuencias sociales y política crecientes. Incluso el nuevo director de inteligencia norteamericano, Dennis Blair, considera que las turbulencia políticas causadas por la situación económica se transformó en la mayor amenaza a la seguridad del país, reemplazando al terrorismo (23/03/09). Las protestas, pueden estallar a partir del agudizamiento de los problemas sociales en el curso de la crisis o por reacciones frente a las formas como se enfrenta privilegiando muy frecuentemente a intereses económicos minoritarios. Las pérdidas de empleos o de ahorros de millones de hogares figuran entre los efectos negativos más angustiosos sobre las personas.
Economist Intelligence Unit publicó en marzo un estudio realizado considerando 165 países, concluyendo que 95 de ellos presentarán rasgos elevados de agitación social en los próximos dos años, que podrían conducir en algunos casos a cambios de gobierno, tal cual ha acontecido hasta la fecha en ejemplos cada vez más repetidos. De ellos, el análisis ubica a 27 países en que considera esa posibilidad como muy elevada. El título del trabajo es elocuente: “Hombres en las barricadas. Quién corre peligros a medida que la profundización de los problemas económicos fomenta la agitación social”.
El documento establece cuatro factores que provocan el descontento. En primer lugar la profundidad de la crisis económica, que alcanza características globales, desde países industrializados hasta las naciones más pobres. En segundo lugar destaca que la dimensión y forma de la crisis tiene actores identificables, ya sea por la ineptitud de autoridades o intereses que actuaron a través de acciones especulativas aprovechando en su beneficio los rescates gubernamentales, como ha acontecido en EE.UU. con las elevadas primas extraordinarias canceladas a ejecutivos de instituciones financieras responsables de millonarias pérdidas sistemáticas en ellas. AIG se transformó en un símbolo de estos escándalos pero no es el único.
El tercer factor lo denomina la “ansiedad subyacente”, que proviene del convencimiento público de que la realidad es peor a la reconocida por las autoridades, que se expresa primero negando hechos evidentes, luego manifestando que sus países quedarían al margen de una crisis que es global y, de otra parte, de estimaciones sobre el curso de los acontecimientos que se ven obligados a modificar constantemente. En Chile, Velasco es un ejemplo muy claro de ese tipo de conductas. Finalmente, considera el factor contagio. “Así como la crisis económica ha demostrado ser global en formas que no se había visto antes –señala el documento-, también los incidentes locales tienen el potencial de desencadenar agitación no sólo en áreas cercanas, sino también en áreas lejanas, en especial tomando en cuenta la naturaleza casi instantánea de las comunicaciones modernas” (23/03/09). Los estallidos sociales y las reacciones políticas igualmente pueden adquirir dimensiones globales.
Entre los 27 países de riesgo muy alto figuran varios de África, trece de ellos de la región subsahariana. Igualmente destaca a países que se encuentran ante conflictos agudos prácticamente permanentes: Afganistán, Zimbabwe, Chad, Sudán y Pakistán. Desde luego que la conflictividad social se correlaciona con la agudización mayor o menor de la crisis, que hasta el momento de entregarse el documento se profundizaba constantemente. El estudio se coloca en tres escenarios distintos, concluyendo que existe una probabilidad cercana a un 30% de que globalmente se entre en una depresión, situación que ya se plantea en algunos países.
África está entre las zonas del mundo en la cual se supuso equivocadamente que la crisis no llegaría. “Cuando empezó esta crisis –manifestó la directora gerente del Banco Mundial y ex ministra de Economía de Nigeria Ngozi Okonjo-Iweala-, la gente de los países en desarrollo, especialmente los africanos, eran meros testigos inocentes, pero ahora no tienen más remedio que sufrir sus duras consecuencias” (22/03/09) “Cuando el colapso global era visto como algo fundamentalmente financiero –expresó a su turno el ex secretario general de las Naciones Unidas Kofi Annan, al inaugurar una conferencia efectuada en Tanzania para analizar el impacto de la contracción económica en la región-, muchos pensaron que África se salvaría, pero no tuvieron en cuenta la globalización y cómo nuestras economías, nuestros países y nuestra suerte están interconectados. África –enfatizó- está ahora en primera línea” (22/03/09).
La crisis golpeó a la economía africana cuando venía repuntando, sus exportaciones aumentaban, las reservas internacionales crecían, la pobreza retrocedía. Al desencadenarse la recesión, sus ventas en el exterior de recursos primarios se redujeron violentamente, los progresos obtenidos se revirtieron. “En Sudáfrica –ejemplificó El País- cargamentos de hierro, aluminio y manganeso se apilan en los puertos en la espera de destino. La vecina Botswana ha perdido en un año el 90% de los ingresos por la exportación de diamantes, base de su economía” (22/03/09). A ello se añade la caída de las remesas enviadas por los emigrantes africanos en Europa y en EE.UU. Esos envíos, esenciales en la subsistencia de muchas familias, ascendieron en 2008 a US$19.000 millones, suma dos veces mayor a la recepcionada tres años antes.
“Aunque la crisis ha tardado en llegar a la costa de África –expresó en la conferencia efectuada en Dar es Salaam el director gerente del FMI Dominique Strauss-Kahn-, todos sabemos que ha llegado y que su impacto será duro”. Agregando que la estimación del Fondo de crecimiento en 2009 de 3% puede ser demasiado optimista. Incluso de producirse ese nivel de crecimiento, que es la mitad del pronosticado por el mismo organismo un año antes, si se considera el ritmo de incremento de su población significaría más pobreza para la generalidad de los africanos.
En otras palabras, en un continente de elevados índices de pobreza los problemas sociales se agudizan. Teniendo en cuenta esta realidad el presidente etíope, Meles Zenawi, le señaló al primer ministro británico Gordon Brown, que de no recibir urgentemente ayuda algunos países de la región podrían hundirse en el caos y en la violencia. “Estamos hablando –agregó- de una cantidad de dinero similar a la que se está gastando en un banco de tamaño medio. Háganse a la idea de que África es uno de esos bancos” (22/03/09). Las grandes economías han despilfarrado miles de millones de dólares en “rescates” a grandes intereses financieros que en un cierto porcentaje pudieron destinarse a amortiguar los efectos negativos en amplias capas de la población mundial. El secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon estima que “es necesario al menos un billón de dólares para respaldar a los países en desarrollo durante la crisis” (26/03/09).
La indignación no sólo puede estallar en África. Los ejemplos son muchos. En Irlanda, donde el desempleo es creciente por la caída en la actividad económica, a mediados de marzo tuvieron lugar las mayores protestas callejeras en décadas. Sondeos de opinión pública cifran en un 82% la insatisfacción con el gobierno. En Francia y Grecia, igualmente, en los primeros meses del año se efectuaron grandes movilizaciones de carácter nacional. En las colonias francesas de Guadalupe y Martinica se vivieron prácticamente asonadas populares.
“La crisis económica –resume un reportaje de El País- está provocando la caída de los gobiernos del Este de la Unión Europea, acorralados por las turbulencias financieras y las protestas populares” (26/03/09). El primer ministro húngaro, Ferenc Gyurcsany, dimitió considerando que no debía transformarse en un obstáculo para la recuperación económica. Letonia, donde la desocupación amenaza a cerca de la mitad de la fuerza laboral, constituyó a fines de marzo su 15º gobierno desde principios de los noventa. En la República Checa, el primer ministro Mirek Topolanek, que preside la UE, perdió una moción de censura presentada por la oposición socialdemócrata basada en su gestión ante la situación económica. Grandes protestas sociales se han vivido, además, en Lituania y Bulgaria. “El tsunami financiero –concluye el diario español- arrasa al Este y sus ciudadanos parecen cada día más indignados”.
En EE.UU. manifestantes se han concentrado frente a muchas oficinas de bancos, receptoras de millonarios planes de rescate, así como frente a domicilios de ejecutivos de la aseguradora AIG beneficiados con primas elevadas por gestionar la empresa con gigantescas pérdidas. Frente a ello, Obama advirtió a través de un programa televisivo que “no se puede gobernar desde el odio” Timothy Geithner ve en estas acciones un peligro para su plan de compra en alianza con capitales privados de “activos tóxicos”. “No podemos resolver esta crisis –escribió en The Wall Street Journal- sin hacer posible que los inversores tomen riesgos. Aunque la crisis fue causada por bancos que tomaron demasiados riesgos, el peligro ahora es que tomen demasiado pocos. Tenemos que tener mucho cuidado para no desalentar las inversiones que la economía necesita para recuperarse de la inversión” (24/03/09).
El plan Geithner es un llamamiento a actores centrales de la virulencia de la crisis para que desempeñen una función protagónica en resolverla. Para ello debe detenerse lo que medios de prensa estadounidense llamaron “el Katrina de Obama”, o sea la indignación pública. El malestar proviene de los criterios con que en los países centrales –empezando por EE.UU.- se ha enfrentado la crisis: millonarias ayudas para salvar a instituciones financieras conducidas al precipicio a causa de manejos financieros especulativos, al tiempo que las consecuencias del colapso en masas gigantescas de la población son sólo enfrentadas marginalmente. Ello es un caldo de cultivo en el malestar social existente en el mundo.
Esta forma de actuar se volvió a expresar en el plan del gobierno estadounidense para liberar a instituciones financieras de activos tóxicos, en lo que constituye una repetición de fracasados intentos en igual sentido efectuados durante la administración Bush. “Francamente –expresó Joseph Stiglitz-, esto es equivalente a un robo a los estadounidenses. No creo que funcione –añadió- porque cargar las pérdidas sobre los hombros del contribuyente generará mucha ira” (25/03/09). El plan descansa en ofrecer, explicó Stiglitz, incentivos perversos, se utiliza a los contribuyentes para asegurar el riesgo de pérdidas, prometiendo paralelamente beneficios a capitales especulativos privados.
Barack Obama, en un artículo escrito en la perspectiva de la reunión del G-20, tiene presente esta problemática convocando a enfrentarla. “(…) tenemos la obligación –escribió-, por motivos económicos, morales y de seguridad, tender la mano a los países y personas en mayor situación de riesgo. Si le damos la espalda –agregó-, nuestra propia recuperación se retrasará y el sufrimiento causado por esta crisis aumentaría. El G-20 debe desplegar a toda velocidad los recursos necesarios para estabilizar a los mercados emergentes (…) mientras tanto, Estados Unidos –prometió- apoyará nuevas inversiones sustanciales en seguridad alimentaria para ayudar a los más pobres a sobrevivir los tiempos difíciles que se avecinan” (24/03/09).
Al mismo tiempo, añadió, Estados Unidos reconoce que, “tiene su parte de responsabilidad en el caos en el que nos encontramos”. En verdad tiene una responsabilidad proporcionalmente muy grande. ¿Podrá resolverse como lo explicita el plan Geithner en estrecha alianza con los estimuladores de la crisis? ¿Podrá lograrse sin la medida que aparece más obvia: nacionalizar los bancos, quitándole su dirección a quienes deben ser sancionados por el manejo que hicieron de estas instituciones? Es un desafío planteado a toda la humanidad que exige respuestas concretas de otro tipo. La continuidad de “salvatajes” a intereses minoritarios necesariamente conduce a una mayor indignación pública.
“Nadie puede negar –enfatizó el presidente norteamericano- que la necesidad de actuar es urgente. Está en peligro la prosperidad de todos los países, además de la estabilidad de los Gobiernos y la supervivencia de pueblos enteros en las partes más vulnerables de la tierra”. La crisis económica va adquiriendo cada vez más expresiones de crisis social y política. Se requiere frente a ello que los gobiernos, incluyendo a la Casa Blanca, se coloquen a la altura de la situación y también las fuerzas sociales y la humanidad en su conjunto.
HUGO FAZIO
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