Académico, Presidente Regional Partido Socialista de Chile - Valparaíso
“Todo acto de persona o grupo destinado a propagar doctrinas que atenten
contra la familia, propugnen la violencia o una concepción de la sociedad,
del Estado o del orden jurídico de carácter totalitario o fundada en la lucha
de clases, es ilícito y contrario al orden institucional de la República”
(Artículo 8º de la Constitución Política de Pinochet)
“La receta del marxismo para la transformación social ha perdido vigencia”
(Carlos Altamirano Orrego. Entrevista a La Tercera del 05.08.07)
“El Partido Socialista de Chile…asume como método de interpretación
de larealidad el marxismo crítico, enriquecido y rectificado por el avance de la
cultura, la ciencia y el desarrollo social…”
(Estatuto del Partido Socialista de Chile. Texto Refundido. Noviembre de 2003)
ANTECEDENTES
Con la caída del muro de Berlín el año 1989 y la siguiente desintegración de la URSS ante los ojos atónitos de los partidos comunistas del mundo, el pensamiento marxista entró en una profunda crisis de la que aún no se repone en forma satisfactoria.
A contar de esa fecha, centenares de libros se han escrito tratando de explicar no sólo el fracaso histórico del proyecto social, político, cultural y económico soviético, sino que también para demostrar que esa derrota supone, hit et nunc, que el único proyecto viable para la humanidad era y es el capitalismo.
Nuestro partido no escapó a esta crisis mundial. Desconcertada nuestra militancia y, en general, el movimiento obrero chileno, tanto por el brutal golpe del 11 de septiembre de 1973, como por la caída del muro de Berlín, sumado al destrozo orgánico producto de la brutal represión de la dictadura, que se tradujo en la muerte y desaparición de dirigentes y dispersión de otros, empezaron a surgir múltiples argumentos teóricos desde la izquierda, no sólo para tratar de explicar lo sucedido, mediante un amplio abanico de argumentos que iban desde la caracterización de la dictadura como neoconservadora legalista, pasando por quienes la pensaban fascista, hasta aquellos que simplemente no la supieron o quisieron caracterizar, planteando lisa y llanamente que el marxismo ya era instrumento obsoleto, con gran regocijo de la derecha.
Pese a que es tradición histórica la aparición de conversos que maldicen lo que ayer adoraban y adoran, todavía habemos socialistas que seguimos utilizando el marxismo “enriquecido por los avances del conocimiento humano”, como instrumento para estudiar los fenómenos sociales, políticos, económicos y culturales, tal como han seguido reafirmando nuestros últimos congresos partidarios, con la finalidad de hacer propuestas factibles para el cambio de una sociedad que no nos gusta.
La falta de debate a fondo respecto de la necesidad (algunos dicen que ya no es necesario) de una reflexión seria acerca de lo vigente y lo obsoleto del pensamiento de Marx, ha llevado a un PS que hoy día se divide entre quienes siguen reivindicando los planteamientos de un marxismo decimonónico y quienes han repudiado a Marx, pero sin proponer nuevas alternativas ideológicas claras. Entre ambos grupos vive la enorme mayoría de socialistas desconcertados, desmoralizados, desmotivados y una minoría que, silenciosamente, se ha acomodado a la administración del modelo social, político, económico y cultural heredado de la dictadura. Para la mayoría frustrada van estas reflexiones.
Sególene Royal, hace poco derrotada candidata socialista a la presidencia de Francia, decía que ella sentía “...un dejo de nostalgia hacia una izquierda que existió, pero que ahora ya no se hace cargo de los nuevos problemas de la Humanidad como la globalización, el nuevo desarrollo capitalista...pero, a pesar de todo esto, el PS francés sigue estando a la izquierda de otros partidos socialistas de Europa, desde luego del laborismo inglés, del PSOE español y de la izquierda chilena...” Sin comentarios.
EL INSTRUMENTO MARXISTA
George W. F. Hegel, uno de los constructores más importantes del pensamiento científico del siglo XIX, en sus “Lecciones sobre la historia de la filosofía” presentó el desarrollo de ésta como un proceso humano en que la verdad misma va acercándose a nosotros, enriqueciéndose y haciéndose cada vez más compleja y profunda.
Como sujeto pensante de su época, Hegel estaba convencido de que la racionalidad científica, aplicada a la filosofía y a otros campos del conocimiento humano, permitía alcanzar la certeza de que lo pensado era correcto. A esta lógica de pensamiento ayudaron, además, los grandes descubrimientos de aquel siglo en áreas tan disímiles como la física, química, astronomía, biología, matemáticas, todo lo cual llevó al convencimiento en Europa de que existía la posibilidad real de explicar los fenómenos de la naturaleza y del ser humano, mediante leyes simples, verdaderas, estables, ordenadas lógicamente, racionales, donde el tiempo juega el rol de una flecha que recorre pasado, presente y futuro, determinando así los fenómenos históricos que se desarrollaban en cada lugar.
Carlos Marx, a partir de la crítica al idealismo de Hegel, hace confluir en un nuevo corpus las grandes ideas existentes en ese tiempo (filosofía romántica alemana, racionalismo francés, empirismo y economicismo inglés, primeras reflexiones acerca del socialismo) destruyendo en cada una los fundamentos que denominaba “no científicos” o “utópicos”. De esta manera construyó una teoría crítica amplia, que incluía todo el campo del saber y del ser de su época. Su aspiración era filosófica, pero también científica y ética.
En 1859 en su documento “Contribución a la crítica de la economía política” planteó como eje central de su argumentación que en las sociedades donde unos pocos dominan la mayoría los seres humanos entran y viven en un sistema de relaciones independiente de sus voluntades, el cual tiene determinadas características producto del desarrollo de las fuerzas productivas.
Esas relaciones forman la base o infraestructura económica de la sociedad, y sobre ella se alza la superestructura ideológica que determina la conciencia social. Sin embargo, al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de propiedad, abriéndose así una etapa de revolución social. La revolución, al cambiar la infraestructura económica, cambia también la superestructura jurídica, política, religiosa, cultural, en suma, la superestructura ideológica.
Concluyó Marx señalando que ninguna formación social puede desaparecer sin haber desarrollado todas las fuerzas productivas de que es capaz. De este modo, toda estructura económico social, formada de infra y superestructura, una vez cumplido su ciclo de vida muere, naciendo otra superior que la remplaza. Es lo que le ocurrirá al capitalismo, dijo, nacido de las entrañas del feudalismo, cuya única fuente de supervivencia es la apropiación de la plusvalía que generan los trabajadores. El desarrollo de las fuerzas productivas le llevará a su colapso, naciendo de este modo la nueva sociedad socialista. Todo esto no alcanzado mecánicamente ya que el motor del desarrollo de la historia no son las fuerzas productivas, sino que la lucha de clases.
En definitiva, el pensamiento marxista planteó que las raíces del poder de la burguesía capitalista se nutren de la propiedad de los medios de producción, y si detenta poder en el parlamento, las iglesias, las fuerzas armadas, en el gobierno, es porque detenta la propiedad sobre los medios señalados, añadiendo que el poder en definitiva no reside en la superestructura ideológica sino en la propiedad de la base económica.
Para Carlos Marx, lo original de su aporte lo explica en la Carta a Weydemeyer, en 1852, donde le dice que lo novedoso de su planteamiento es:
a) Demostrar que las características de las clases sociales no está vinculada más que a fases históricas determinadas del desarrollo de la producción.
b) Que la lucha de clases en el desarrollo capitalista lleva necesariamente a la dictadura del proletariado y
c) Que esa misma dictadura no representa más que una transición hacia la abolición de todas las clases y hacia la construcción de una sociedad sin clases.
Llevadas sus ideas a la praxis política europea de fines del siglo XIX e inicios del XX, primero son transformadas de filosóficas en ideológicas ([1]), para luego adquirir formas doctrinarias y ortodoxas en los partidos socialistas de ese tiempo.
El marxismo de la II Internacional, por ejemplo, ya era una ideología fuerte y dominante a fines del siglo XIX y principios del XX, presentándose como la única y verdadera ciencia social, capaz de predecir el futuro de la sociedad humana, hacia una sociedad sin clases. Sin embargo, la realidad de los desarrollos de los países más avanzados de Europa, obliga a la II Internacional a atemperar su discurso político, transformando finalmente la revolución en evolución dentro de lo posible, construyendo una especie de simbiosis entre aspiración al socialismo y democracia burguesa.
En Rusia, desde sus inicios en la actividad política, los dirigentes del partido bolchevique, con Lenin a la cabeza, renegaron de la “traición reformista”, imponiendo con mano férrea la cientificidad absoluta del marxismo, la verdad inevitable del advenimiento de la sociedad sin clases y la necesidad imperiosa de construir un partido centralizado, militarizado, que no acepta en caso alguno ideas críticas o diferentes, única forma de tener a disposición un partido, vanguardia de la clase obrera, capaz de dirigir a ésta a su liberación de los explotadores.
Tomado el poder en la Rusia zarista por el partido bolchevique, sus ideas y propuestas se expanden de modo vertiginoso por Europa y parte de América Latina, creándose entonces la III Internacional con la finalidad de organizar e impulsar la revolución mundial.
Los sucesivos fracasos de la revolución en los países capitalistas, especialmente en Alemania, y luego de la muerte de Lenin, surge la doctrina del “marxismo-leninismo”, fuertemente apoyada y promovida por Stalin, doctrina que tiene poco de Lenin y mucho menos de Marx (entre varias otras cuestiones porque éste nunca previó la “revolución en un solo país”, tampoco el poder absoluto de un partido único “de la clase obrera”, y menos un proceso que apuntó al fortalecimiento de un Estado omnipresente, sustentado en definitiva en la acumulación capitalista, todo lo cual hubiese ido en contra de su pensamiento dialéctico que, en definitiva, señalaba la desaparición del Estado como fase superior al capitalismo)
Fue así como la filosofía de Marx, pensada por él en forma racional y científica, devino en doctrina desde la que nació el marxismo-leninismo y éste, a su vez, en fuente infalible de la verdad en todos los dominios. Durante 70 años, esta visión reducida del pensamiento de Carlos Marx dominó en la Unión Soviética, llevándola a su derrumbe, y con éste, al desconcierto de las izquierdas revolucionarias.
La reflexión que proponemos acerca del pensamiento de Marx y su validez actual supone el asumirlo desde la perspectiva de instrumento de análisis (se supone, por lo tanto, que también existen otros) superior desde el punto de vista de las conclusiones objetivas y racionales que puede lograr, y no como filosofía de vida. Para utilizar correctamente este instrumento es necesario tener claras dos reflexiones complementarias. Una, que se necesita determinar, con la máxima precisión, cuáles son los avances del conocimiento humano que objetivamente pueden perfeccionar y enriquecer dicho instrumento y, la otra, tener claro qué significa hoy día pensar socialista.
Partamos por lo primero ¿Qué avances del conocimiento humano objetivamente han enriquecido y perfeccionado este poderoso instrumento de análisis de la realidad social?
Debemos reconocer, antes de iniciar un esbozo de respuesta al primer interrogante, que los planteamientos de Marx han sido una fuente poderosa para el mejor conocimiento de las organizaciones sociales, culturales, políticas y económicas del ser humano, habiendo entregado durante el siglo XIX ideas que han llevado a lo más civilizado que tenemos respecto de las relaciones entre las clases sociales y respecto a la dignidad de los trabajadores. Claro que también debemos reconocer que su derivado, el llamado marxismo-leninismo, ha generado dictaduras crueles, rígidas e implacables.
Sin embargo, esta derivación no es consecuencia directa de lo que planteó Marx, sino producto, de la necesidad de la primera revolución, la bolchevique, de construir un instrumento ideológico potente, que le permitiese sobrevivir en un medio internacional absolutamente adverso, con un campesinado muy atrasado política e ideológicamente y una clase obrera poco numerosa para las enormes tareas que debían enfrentar Lenin y sus camaradas, estudiosos todos de la teoría de Marx y dispuestos a ponerla en práctica. Al desaparecer Lenin e instalarse en el poder Stalin, se elabora el marxismo-leninismo como corpus teórico-práctico operativo, imponiéndolo con la brutalidad que ya conoce la Historia.
El repensar hoy día el marxismo no supone, en caso alguno, desdibujar o reducir la enorme potencialidad de su filosofía, de sus propuestas éticas, del uso de la dialéctica crítica para el análisis de los fenómenos sociales, de la antropología filosófica de sus primeros años, de su construcción epistemológica, en fin, de todo el enorme aporte a la toma de conciencia por parte de los trabajadores de su rol en el proceso productivo capitalista, al fortalecimiento de sus organizaciones, al avance de la justicia social, a la percepción de que existe la posibilidad real de construir una sociedad más justa, solidaria, participativa, amplia y profundamente democrática es decir, una sociedad que los socialistas la llamamos precisamente así: socialista.
Como sujeto histórico Carlos Marx, pese a sus genialidades, es evidente que no podía escapar al uso de los instrumentos teóricos desarrollados hasta el siglo XIX, como era el pensar según las lógicas de la ciencia y aplicar la denominada reflexión científica a sus constructos teóricos aplicados a lo social. Sólo a título de ejemplo recordemos que el desarrollo de las ciencias habían llegado a descubrir, para explicarse la naturaleza, las leyes de Newton, las leyes de la termodinámica, de la electricidad, del movimiento de los planetas y soles, etc. lo que permitió un desarrollo espectacular de máquinas herramientas, sistemas de transmisión de energía, iluminación, transporte, etc.
Al pensar Marx según el rigor de la ciencia de ese tiempo, su filosofía sirvió para determinar con precisión las características del capitalismo de fines del siglo XIX y casi todo el siglo XX; las contradicciones insalvables entre los dueños del capital y los que venden su fuerza de trabajo; la unidad y lucha de contrarios como expresión de la dialéctica de fenómenos macro que se desarrollan en la sociedad, pero también introdujo conceptos propios del determinismo temporal de la época que imagina el tiempo como una flecha que cruza el presente desde el pasado al futuro, asumiendo el denominado materialismo histórico como eje central de su discurso, afirmando la inevitabilidad del surgimiento del socialismo desde las cenizas del capitalismo, asignando a la dictadura del proletariado la responsabilidad de asumir la fase histórica de paso del capitalismo al socialismo.
Precisamente la conceptualización determinista de la ciencia del siglo XIX fue uno de los elementos fundamentales en la elaboración de llamado marxismo-leninismo, y que al mismo tiempo desdeñó y acalló todos los otros fundamentos dialécticos de Carlos Marx para la liberación del ser humano, lo que le llevó al fracaso histórico, puesto que abortó la capacidad creativa, propositiva, crítica, participativa y revolucionaria de la clase trabajadora de continuar elaborando teoría y práctica científica para la transformación permanente de la sociedad.
Fue así como en la ex URSS, patria del “socialismo real” (mejor caracterizarlo como socialismo burocrático) nació una nueva clase dominante organizada en los partidos comunistas, que poseía la propiedad de los medios de producción y controlaba de modo coercitivo el desarrollo de las fuerzas productivas, decidiendo qué se producía, cómo se producía y para quienes se producía, eliminando de un golpe toda posibilidad de cambio revolucionario a partir de la participación activa, comprometida y con capacidad de poder, de la clase trabajadora. El argumento era simple: mientras no se desarrollase hasta su máxima posibilidad la base económica de la sociedad soviética (infraestructura económica) no era posible modificar la superestructura ideológica.
En definitiva, el PC de la ex URSS al ahogar la capacidad creativa de los trabajadores, transformó lisa y llanamente su sistema económico en capitalismo de Estado, con la diferencia no menor respecto del capitalismo puro y duro, que éste, si bien utiliza del mismo modo la fuerza para aplastar cualquier brote de rebeldía en contra suya, también estimula y compra inteligencia en abundancia, pagando lo que sea, con el fin de recibir nuevos conocimientos científicos, tecnológicos, incluso de las ciencias sociales, adecuándose de modo flexible y permanente a los nuevos conocimientos, para poder seguir viviendo en base a la apropiación de la plusvalía. En cambio en la ex URSS, sus dirigentes subordinaron de modo rígido y creciente la superestructura a la base económica, llevándola al colapso definitivo, puesto que como organización capitalista no pudo sobrevivir a la competencia.
CONCLUSIÓN Nº 1. Así como descubrimientos y desarrollos teóricos del siglo XIX siguen siendo utilizados hasta hoy día por la Humanidad para mejor comprender el mundo que le rodea y tener un mejor bienestar (mejores técnicas de construcción apoyadas en las leyes de Newton; motores que funcionan de acuerdo a la leyes de la electricidad; organizaciones públicas basadas en las teorías de Weber, etc., etc.) también la teoría dialéctica perfeccionada por Marx, su propuesta del desarrollo de la historia basada en el conflicto de intereses opuestos y contradictorios, la defensa irrestricta que hace de la libertad del ser humano, la rigurosa caracterización del capitalismo, siguen sirviéndonos perfectamente a los socialistas como base inicial para pensar y actuar. Pero utilizarlos como fe revelada, mecánicamente, para comprender y actuar sobre la realidad actual informatizada, globalizada, con un capitalismo que penetra todas las sociedades, con problemas de múltiples orígenes (no sólo económicos), con organizaciones en red, es simplemente retroalimentar la incapacidad del PS para conquistar voluntades mayoritarias que luchen por el cambio hacia el socialismo.
Como otro ejemplo que refuerza lo anterior se puede señalar también que los descubrimientos y desarrollo teóricos aplicados a la tecnología del siglo XIX, si quisiéramos usarlos en nuestra época para el conocimiento del comportamiento de los átomos que conforman una estructura, o al por qué del calentamiento global, o a la predicción del comportamiento humano individual, etc., simplemente no nos sirven o son insuficientes.
Surge, entonces, de modo nítido la necesidad de que el PS de Chile inicie de manera colectiva el estudio y reflexión detallada respecto de las insuficiencias del pensamiento marxista y de sus aplicaciones para conocer e interpretar la actual realidad, aplicando con el máximo rigor intelectual la propuesta de Eugenio González Rojas que exige estudiar y reconocer todos los avances del conocimiento científico con el fin de perfeccionar de modo permanente nuestro instrumento de análisis. Sólo así los acuerdos de nuestros congresos no serán letra muerta.
TRES AVANCES DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO
Como una manera de iniciar el estudio y reflexión señalado, me permito señalar de manera resumida y seguramente imperfecta tres avances fundamentales del conocimiento científico que nos podrían ayudar a una elaboración más precisa de una respuesta a la segunda interrogante que he planteado ¿Qué significa hoy día pensar socialista? (A la cual es preciso añadir de inmediato la vieja pregunta ¿Y qué hacer?)
1. ACERCA DE LA CLASE OBRERA.La concepción de Marx respecto al avance y desarrollo de la humanidad correspondía a una visión de causa-efecto ya que, según lo que planteó, ella se basaba en la explotación del hombre por el hombre, siendo el motor del desarrollo de la humanidad la lucha de clases. Así, unos pocos “malos” abusaron históricamente de una mayoría de buenos alienados, ignorantes, sumisos, cuya única manera de liberarse era apropiándose en forma colectiva de los medios de producción en el momento que el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzaran su clímax. Es decir, suponía que bastaba con el quiebre de la sociedad capitalista existente en su tiempo, para alcanzar esa soñada libertad que iba a permitir construir la sociedad socialista igualitaria, democrática, creadora, en que cada uno iba a tener según sus necesidades. La etapa de tránsito desde el capitalismo a la nueva sociedad correspondería a la dictadura del proletariado industrial.
En otras palabras, relación dialéctica entre el aspecto “bueno” y el aspecto “malo” del desarrollo de la Humanidad es indisoluble, siendo la explotación del hombre por el hombre un elemento fundamental de ella. Para Marx, la superación de esta situación podía llegar cuando, desarrolladas al máximo las fuerzas productivas, se generaba una situación de crisis que, en el caso del capitalismo, iba a ser aprovechada por la clase “buena”, la clase obrera industrial, para apropiarse de los medios de producción de modo que la riqueza producida por cada uno(a) fuese distribuida primero a cada uno(a) según su aporte y luego, según sus necesidades, en forma colectiva y democrática. No queda claro en los escritos de Carlos Marx la definición del instante en que la clase obrera iba a tomar conciencia de la necesidad de asumir el rol de dirección del proceso de apropiación. En todo caso, la construcción marxista-leninista resolvió esto asignando dicho rol a la “vanguardia del proletariado”, es decir, al partido comunista. En definitiva, la clase obrera industrial para Marx, venía a ser algo así como el Mesías de la tradición judeo-cristiana.
Lamentablemente el desarrollo histórico del siglo XX y de los primeros años del actual, muestra que el desarrollo elaborado por Carlos Marx no ha sido seguido por las vanguardias revolucionarias que han asumido el poder de gobierno en América Latina, Europa, Asia, África u Oceanía.
En los países occidentales, la clase obrera industrial de los países más avanzados se ha dividido, aburguesado y perdido su voluntad de transformación social. En el caso de la ex URSS, el país más avanzado del socialismo real, el sistema se derrumbó a pesar de un partido comunista con más de sesenta millones de militantes, de los cuales cuarenta eran jóvenes konsomoles. Ninguno de ellos lanzó ni siquiera una piedra en defensa del sistema.
En su construcción, siguiendo la lógica determinista de la ciencia de su tiempo, Marx pensó en una clase obrera industrial que, pese a estar alienada, tenía en su interior un conjunto de cualidades potenciales que aparecerían y se iban a desarrollar en todo su esplendor en cuanto el capitalismo entrase en su crisis terminal. Crisis inevitable, según el pensamiento científico del siglo XIX, pues la desaparición del capitalismo también sería inevitable en el mismo instante en que el desarrollo de las fuerzas productivas alcanzara su clímax.
CONCLUSION Nº 2. Es necesario repensar el planteamiento de Marx centrado exclusivamente en el grupo que conforma el homo faber, u homo economicus como también se le llama al ser humano cuya actividad central e interés se relaciona estrictamente con la producción de bienes y servicios para obtener una remuneración, es decir la clase obrera industrial. Algo de crítica implícita a este planteamiento hizo el PS cuando en la década de los 40 se empezó a referir a los “trabajadores manuales e intelectuales”. Las sociedades actuales son más complejas aún y es preciso aclarar no sólo las subdivisiones existentes entre ambas categorías de trabajadores, sino que también prestar la misma atención a otros grupos cuyos intereses y actividades son otras, alternativas o complementarias a las económicas.
2. ACERCA DEL SER HUMANO
¿Es posible el desarrollo del lado bueno del trabajador sólo con el quiebre de la organización capitalista?
Este es un tema teórico no menor, considerando que los avances de las ciencias psiquiátricas y neurológicas que le estudian demuestran que el ser humano es al mismo tiempo bueno y malo, predominando uno u otro aspecto en un lugar y tiempo determinados, según las condiciones objetivas en que ha nacido y vive, de su arquitectura genética, de su cultura, conocimientos y desarrollo de valores morales y éticos, además de sus aptitudes y actitudes. Como dice Edgar Morin ([2]) “bondad y maldad pertenecen a la complejidad del homo demens”. La acción de violadores, torturadores y asesinos de cualquier dictadura, así como la acción de personas dispuestas a dar su vida por el bienestar de los demás, demuestran esta afirmación.
La teoría marxista construida alrededor del concepto homo faber, tuvo una construcción simétrica, por la misma época, realizada por Sigmund Freud, quién empezó a bucear en la naturaleza psíquica y afectiva del ser humano, planteando que este se hallaba permanentemente sometido al conflicto dialéctico entre Eros y Tanatos, el amor y la muerte, además de la pulsión y la represión.
Freud planteó que esos conflictos son causa y efecto de la permanente variabilidad interna de cada persona, lo cual hace que cada ser humano, además de ser distinto al del lado, nunca se adapta a su destino de ser mortal, ni tampoco se adapta al destino social de ser reprimido.
Como señala Edgar Morin “…la explotación del hombre por el hombre, situación en la que Marx había visto la llave y el cerrojo del problema de las relaciones humanas, no sólo corresponde a unas ciertas condiciones históricas dadas, sino que corresponde también a las estructuras neuróticas de cada uno y también a las relaciones neuróticas entre las personas, cosa que ya había señalado el perspicaz psicoanálisis que realizó Hegel de las relaciones amo-esclavo, donde el amo se entrega a la tarea de lograr su reconocimiento como sujeto-dios, planteando tal neurosis como algo inherente a la condición humana… Marx creyó que el hombre podía cortar con el nudo gordiano de la relación entre el amo y el esclavo, el de la explotación del hombre por el hombre en el plano de la propiedad de los medios de producción, cuando la realidad señala que este es sólo uno de los nudos del problema multidisciplinar y complejo del ser humano”.
Lamentablemente Freud nunca quiso ir más allá de sus investigaciones-reflexiones centradas en el individuo y nunca tomó en cuenta la característica de sujeto histórico de éste, como sí lo hizo Marx. Tampoco hubo esfuerzos rigurosos de los cientistas sociales para encontrar puentes o áreas comunes entre ambas teorías.
A partir de las conclusiones de esos dos grandes científicos, es posible, por ejemplo, empezar nuevas reflexiones señalando que el ser humano vive sometido de manera permanente a dos grandes problemas, la alienación producto del control y propiedad de unos pocos de los medios de producción y del poder que desde ese control surge, y al problema de su psiquis en permanente equilibrio-desequilibrio, donde prima uno u otro factor según las condiciones específicas que surgen en cada lugar y tiempo de vida.
Por otra parte, el actual conocimiento del cerebro humano demuestra que los procesos de observación que hacen las persona se desarrollan a partir de las señales que envían las cosas o fenómenos que llaman la atención, siendo en la práctica estas señales ondas electromagnéticas de muy variada longitud. También nos llegan partículas o moléculas que nos traen, por ejemplo, el olor de las cosas. La limitación objetiva, sin embargo, es que de cualquier o fenómeno u objeto somos capaces de recibir sólo una parte ínfima de las señales que emite, lo que dificulta por completo su comprensión total.
El estímulo que induce toda señal llega al cerebro, previo paso por nuestros órganos de los sentidos y, mediante procesos todavía no muy bien comprendidos, se toma conciencia de ellos. Para que esta toma de conciencia, además suponga nuevo conocimiento, es necesario que nuestro cerebro realice un permanente proceso de interpretación del estímulo. Pero esta interpretación es subjetiva y su calidad va a depender de la arquitectura genética del individuo, más la cultura, la historia, evolución y medio ambiente en que se ha desarrollado. Dicho en otras palabras, todo observador no sólo interpreta la realidad de manera distinta, sino que esa interpretación transforma a la persona en parte indisoluble de la realidad captada.
CONCLUSION Nº 3. La lucha de clases, como lucha entre dos polos de intereses antagónicos, explotados y explotadores, es uno de los motores de la Historia. Pero en esta dialéctica es urgente introducir el análisis de las condiciones según las cuales el ser humano puede ser o no ser sujeto activo de la transformación social, considerando que cada persona es un universo diferente y complejo. Y es la mente de cada persona, con sus capacidades y limitaciones, la que construye un esbozo de los fenómenos, conceptos, ideas y cosas que percibe, y también reacciona ante ellos con mayor o menor intensidad. Esto significa que el punto “a” que describe Marx en su carta a Weydemeyer, es por completo insuficiente y el PS debería, a mi juicio, profundizar mucho más en la dialéctica que relaciona las condiciones objetivas para el cambio, con las condiciones subjetivas, campo este último directamente relacionado con la elaboración y difusión de ideología, y que todos los gobiernos de la Concertación han entregado absolutamente al control de la derecha.
3. ACERCA DEL DETERMINISMO
Como ya se ha indicado, el pensamiento científico del siglo XIX y de los primeros años del siglo XX concebía el tiempo como una flecha cruzando pasado, presente, futuro, lo cual impregnó de una lógica determinista muchos de los constructos teóricos de esos tiempos.
El tiempo, como concepto a reflexionar, ha preocupado a los pensadores desde hace muchos siglos. Así por ejemplo, Aristóteles lo definió como la medida del movimiento de las cosas, en la perspectiva del antes y del después. El tiempo existe, decía él, sólo si hay cosas que se mueven o si existen acontecimientos. Para San Agustín, antes de que Dios crease el cielo, la tierra y el hombre, el tiempo no existía, ya que este implica pasado, presente y futuro. Por eso el tiempo existe en el espíritu del hombre porque ahí es donde está el presente, el pasado y el futuro.
Ambas conceptualizaciones filosóficas han estado en la base del desarrollo del pensamiento científico, tanto de las ciencias naturales (visión objetivista y mensurable del tiempo) y de las ciencias sociales (visión subjetivista del tiempo, sustentada en la introspección y en el análisis psicológico)
En el campo de las ciencias naturales, uno de sus más importantes exponentes, Isaac Newton, pensó el tiempo (y el espacio) como entes absolutos, en los cuales se desarrollan los fenómenos de la naturaleza, según leyes matemáticas, exactas y simples.
Esa visión fue superada el pasado siglo XX como producto del avance del conocimiento de las ciencias físicas. En efecto, el surgimiento de dos importantes teorías, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica derribaron la percepción científica decimonónica de absolutizar el espacio y el tiempo, de pensar que la naturaleza funciona según leyes simples, de considerar el tiempo como una flecha previsible en su transcurso, etc.
La primera demostró que la percepción del espacio y del tiempo depende del estado de movimiento del observador, aunque el contenido de las leyes de la física sea el mismo respecto de otro observador, y la segunda explicó la incertidumbre del comportamiento de los entes microscópicos que conforman la materia, que se caracteriza porque los valores iniciales de la posición y velocidad de un electrón no pueden ser medidos simultáneamente con total precisión, por lo tanto tampoco es posible determinar un único futuro para la partícula sino un conjunto de posibles futuros. Así, la conexión causal entre pasado, presente y futuro desaparece y debe ser sustituida sólo por probabilidades de posibles eventos. Señalemos también que hasta el día de hoy no se ha desarrollado una teoría suficientemente válida que permita deducir con precisión un futuro para esa partícula.
El pensamiento filosófico también ha variado profundamente desde las primeras conceptualizaciones griegas acerca del tiempo. Sólo a título de ejemplo señalaré a tres pensadores que, entre otros, han reflexionado profundamente sobre el tiempo: Emmanuel Kant, Martin Heidegger y Henri Bergson. Kant señaló que el tiempo es la forma subjetiva de aprehensión sensible de los fenómenos. A su vez, Heidegger vincula de modo intrínseco ser y tiempo finito, no existiendo para él ningún ser absoluto, atemporal e infinito. Por su parte, Bergson señala que el tiempo que constituye nuestra propia vida, no nos opone a un mundo subjetivo, por el contrario, este tiempo pone de manifiesto nuestra solidaridad con lo real. Se trata de reflexiones filosóficas, ambas, de enorme importancia en el desarrollo del conocimiento del ser humano acerca del tiempo.
En la perspectiva determinista, siempre el tiempo, ente en sí mismo, es esa flecha que viniendo del pasado, cruza el presente y se proyecta al futuro. El tiempo y las cosas es pensado como universalidad cósmica que impregna todas las cosas y todos los fenómenos que nacen, se desarrollan y desaparecen. Este tipo de descripciones alimentan y refuerzan el determinismo que subordina las determinaciones de la voluntad humana a voluntades superiores, sean éstas Dios, el Mercado o el Estado. En el fondo, la flecha del tiempo es aceptada como consecuencia de la incapacidad de la mente humana para aprehender la totalidad de un fenómeno o cosa de una sola vez, apareciendo así una flecha que es consecuencia de las sucesivas aproximaciones que nuestro cerebro introduce en la descripción y aprehensión de cosas y fenómenos.
Frente al determinismo, tal como he señalado antes, se ha estado elaborando otro corpus teórico que no piensa el tempo como flecha o como universalidad cósmica, sino como ente que está en el ser humano y las cosas, pero, simultáneamente, el ser humano y las cosas están en el tiempo. Es decir, el tiempo no tiene sentido fuera del pensamiento humano, en tanto en cuanto el ser humano y cosas son parte de organizaciones (genética, en el ser humano; planetaria, en el caso de la naturaleza; universal, en los fenómenos cósmicos) todas interrelacionadas entre sí, a través de la organización informacional-comunicacional.
El conjunto de todas ellas forma un todo dinámico temporal, siempre parcial y fragmentario en un instante determinado, en permanente reconstrucción y degradación, regenerándose sin cesar, inacabado siempre. De aquí se deduce que no existe tampoco el tiempo, sino que infinitos tiempos, por lo que el presente es resultado del cruce de múltiples determinaciones posibles y, consecuentemente, desde el presente pueden existir múltiples futuribles.
Como dicen Prigogine y Stengers ([3]) “el tiempo ya no es el centro de atención de los fenómenos inmutables; no son ya las situaciones estables y las permanencias lo que más nos interesa, sino las evoluciones, las crisis y las inestabilidades.
CONCLUSIÓN Nº 4. Las deducciones que se obtienen de construcciones teóricas que se basan en el determinismo causa-efecto, son parciales, incompletas y pueden llevar a errores. Debemos tener mucho cuidado, por lo tanto, cuando hagamos prospectivas de futuro, de no caer en el voluntarismo causa-efecto para nuestras propuestas políticas.
¿QUÉ SIGNIFICA HOY DÍA PENSAR SOCIALISTA?

Sólo a título de provocación para la reflexión interna propongo los siguientes significados.
SIGNIFICADO Nº 1. (Deducible de la Conclusión 1)
El pensamiento socialista tiene como raíces fundamentales: el manejo de la dialéctica; el reconocer la existencia de luchas de polos con intereses contrarios, siendo la lucha capitalismo-socialismo la fundamental; el identificar al ser humano, actor esencial de cualquier cambio, con sus complejidades, diferencias y niveles de desarrollo de su conciencia; la lucha permanente contra la alineación; la conciencia de que es posible alcanzar una sociedad socialista.
SIGNIFICADO Nº 2. (Deducible de la Conclusión 2)
La lucha por el cambio social debe tener diferentes formas, adecuadas a las distintas formas en que se organizan los grupos humanos y a las características específicas de éstos.
SIGNIFICADO Nº 3. (Deducible de la Conclusión 3)
La lucha por el cambio social no puede dejar de lado el desarrollo de las condiciones subjetivas, las que, contrariamente a lo que pensaba Marx, no son resultantes causa-efecto del desarrollo de las condiciones objetivas. El avance exponencial de las tecnologías de las comunicaciones y la información, controladas por el capitalismo, demuestra que se han dado las condiciones para que las condiciones subjetivas se autonomicen de las objetivas.
Se suma a lo anterior el que la mente humana presentas limitaciones objetivas para aprehender en forma holística los fenómenos de su entorno, por lo que la labor pedagógica-política-participativa del PS tiene que fortalecerse y desarrollarse de modo creciente.
SIGNIFICADO Nº 4. (Deducible de la Conclusión 4)
El pensamiento dialéctico debe ser repensado, despojándolo de la relación causa-efecto que impregna de voluntarismo muchas de las propuestas que hace el PS en sus congresos. Esto supone que el partido debe ser concebido como organización autopoiética ([4] ) en permanente elaboración de praxis política que ayude, no que se oponga como por desgracia hoy sucede, al cumplimiento de su razón histórica: construir la sociedad socialista
1. Qué es la holística
La holística alude a la tendencia que permite entender los eventos desde el punto de vista de las múltiples interacciones que los caracterizan; corresponde a una actitud integradora como también a una teoría explicativa que orienta hacia una comprensión contextual de los procesos, de los protagonistas y de sus contextos. La holística se refiere a la manera de ver las cosas enteras, en su totalidad, en su conjunto, en su complejidad, pues de esta forma se pueden apreciar interacciones, particularidades y procesos que por lo regular no se perciben si se estudian los aspectos que conforman el todo, por separado.
El pensamiento holístico implica la actitud abierta a la historia, a los acontecimientos, a percibir contextos, ideas y situaciones dentro de múltiples relaciones. El pensamiento holístico es relacional: está en posibilidad de integrar experiencias, relacionar conocimientos, vincular acciones, dimensiones, interpretaciones, inferencias, con trasfondos de posibilidades abiertas.
El pensamiento holístico pareciera caótico: está en permanente indagación, está abierto a la comprensión, está orientado hacia variadas interpretaciones y dispuesto a apreciar posibilidades, a percibir diferentes maneras de entender, de percibir el ser y las cosas. El caos se entiende como posibilidades abiertas, el contexto y la circunstancia metahistórica en el cual se pueden entender las cosas y en donde abstracción, realidades y procesos se relacionan.
Por eso el pensamiento holístico conduce a percibir los eventos con amplitud, con apertura, pues interpreta que la realidad es una y es compleja, es una pero múltiple, es el aquí y el ahora pero tiene una filiación histórica sorprendente: alude a lo pretérito pero avisora, a su vez, los tiempos por venir, y es trascendente.
[1] Entendiendo ideología como la particular manera como la realidad se refleja en la mente de cada cual.
[2] Morin, Edgar. (2002) Introducción a una política del hombre. Gedisa Editorial. Barcelona. España
[3] Prigogine, Ilya & Stengers, Isabelle. (1990) La nueva alianza. Metamorfosis de la ciencia. Alianza Editorial. Madrid, España.
[4] Autopoiesis: Capacidad de una organización para reproducirse de acuerdo a las condiciones de su entorno, manteniendo su identidad, y teniendo como elemento central de su accionar la información y el conocimiento.
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